¿Te ha pasado que dices que sí a un favor o a un compromiso y, en ese mismo instante, sientes el estómago apretado? Es una sensación extraña, ¿verdad? Como si tu cuerpo supiera, antes que tu cabeza, que te estás traicionando un poquito.
A veces vamos por la vida creyendo que ser «buena persona» —o esa persona resolutiva que todos admiran— significa estar siempre con el cartel de abierto 24/7. Pero la verdad es que, en esa necesidad de no fallarle al resto, terminamos dejándonos para el final de una lista que nunca se acaba.
Esas versiones de ti que conviven y a veces discuten entre sí, son como diferentes partes de tu personalidad. Cada una tiene sus propias ideas y opiniones, y a veces no están de acuerdo. Esto puede generar conflictos internos, pero también puede ser una fuente de creatividad y crecimiento. La clave es encontrar un equilibrio entre esas diferentes versiones de ti mismo y aprender a trabajar juntas en armonía.
En mi día a día como psicóloga, me gusta mirar nuestra identidad no como una pieza única y rígida, sino como un equipo de «versiones» de nosotros mismos y que nos gustan o desagradan en distintos niveles.
Está esa parte tuya que es generosa, la que ama cuidar y estar presente. Y eso es hermoso, no queremos borrarlo. Pero también habita en ti una versión que está agotada, que necesita silencio y que, sinceramente, ya no tiene de dónde sacar más energía. El problema es que solemos silenciar a la segunda para que la primera no quede mal.
Te pregunto con sinceridad: ¿Qué sucedería si hoy permitieras que la persona cansada hablara por un momento? No se trata de causar problemas, sino de decir: “Hola, yo también necesito un poco de espacio».
La energía que se nos escapa entre los dedos
Los límites no se rompen de golpe. Se filtran en nuestra vida cotidiana a través de pequeños detalles que pasamos por alto. Estos detalles pueden ser muy pequeños, casi imperceptibles, pero están ahí, en nuestra rutina diaria.
Es ese mensaje de WhatsApp que respondes un domingo por la tarde, aunque habías prometido desconectar.
Es decir «claro, yo me encargo» cuando ya tienes la agenda al borde del colapso, solo por evitar esa cara de decepción del otro.
O quizás es aceptar un plan social que te quita energía, solo porque «cómo voy a decir que no si ya me invitaron».
Y es que, al final, cada vez que le dices «sí» a algo que no quieres, le estás diciendo un «no» rotundo a tu propio descanso. ¿A qué le estás diciendo que no hoy por intentar complacer a los demás?
Cuando el cuerpo levanta la mano (y la voz)
Poner límites no es algo que solo se haga para sentirse bien o para crecer como persona. Es muy importante para nuestra salud. Si no nos protegemos, nuestro cuerpo se mantiene en constante alerta, como un motor que siempre está encendido y nunca se detiene.
Nuestro cuerpo es muuuuuuuuuy sabio y un poco testarudo. Nuestro cuerpo empieza a pasarnos la cuenta.
- Esa tensión en los hombros que parece una mochila de piedras.
- Ese nudo en la garganta o la digestión pesada que aparece de la nada.
- O esa irritabilidad constante; cuando saltamos por cualquier tontería porque, en el fondo, estamos saturados de nosotros mismos y de las demandas externas.
Un pequeño paso: La pausa amiga
No te voy a pedir que mañana cambies tu personalidad por completo. Los cambios que realmente se quedan con nosotros son los pequeñitos, esos que podemos manejar sin morir en el intento.
La próxima vez que sientas la presión de responder «sí» de inmediato, intenta regalarte una pausa compasiva. Tres segundos. Respira y nota qué siente tu cuerpo.
Si sientes que no puedes, intenta decir algo como: Me encantaría ayudarte, pero hoy no tengo energía para darte lo mejor de mí en eso. Hablar contigo de manera suave, sin juzgarte por estar cansada, es empezar a ser tu propia amiga. Al final del día, nadie te va a cuidar mejor que tú misma.
¿Sientes que tu voz se ha quedado bajita?
Aprender a escucharnos es algo que no siempre resulta fácil. A veces, podemos sentir que es un camino difícil de recorrer, sobre todo cuando la culpa nos habla en voz alta.
- ¿Te sientes como si hubieras perdido tu identidad al tratar de hacer todo lo que se espera de ti?
- ¿Te cuesta distinguir cuál es la versión de ti que realmente necesita hablar ahora?
- ¿Notas que el cansancio ya no es solo físico, sino que te pesa el alma?
Si te resuena algo de esto, quizás es momento de darnos un espacio para conversar. No para «arreglarte» (porque no estás rota), sino para reconocer todas tus versiones y devolverle el protagonismo a la que hoy más te necesita. Buscar apoyo es, posiblemente, el límite más valiente y saludable que puedes empezar a construir.
Y si crees que yo podría acompañarte en este camino, puedes contactarme directamente al whatsapp
Que tengas un lindo día
Angélica Concha.
