A veces, cuando te miras rápidamente al espejo antes de salir, o en ese silencio extraño cuando todos duermen por fin, surge algo que te hace recordar. Puede ser un rastro, un aroma o un recuerdo de la persona que eras antes de tener hijos, llevar mochilas y preocuparte por todo. La verdad es que, aunque amas a tus hijos con todo tu corazón, a veces sientes una gran nostalgia por la persona que solías ser.
Esa mujer que podía leer un libro por horas, que se tomaba el café caliente o que simplemente salía de casa sin planificar cada minuto. Y está bien sentirlo. De hecho, es necesario.
La identidad no es una sola, es un jardín
En mis sesiones suelo decir que no somos como una estatua de mármol que no cambia. Somos más como un jardín con muchas flores diferentes que viven juntas. Cuando nos convertimos en madres, la parte de nosotras que cuida y protege a nuestros hijos crece mucho. A veces, esta parte puede tapar la luz del sol a las otras partes de nosotras, como la mujer que tiene una carrera, la amiga que le gusta divertirse, la que disfruta del silencio o la que se sentía bien con su cuerpo de una manera diferente.
Sentir tristeza por esa mujer que ya no eres no te hace menos madre. Esto es un duelo de verdad. Es aceptar que una parte de tu vida terminó para que otra pueda empezar. Pero el problema es que muchas veces nos cuesta trabajo no dejar que esa persona que fuimos antes desaparezca por completo.
Te invito a cerrar los ojos un segundo y preguntarte:
Si esa mujer que eras antes de la maternidad pudiera hablarte hoy, ¿qué te diría? ¿Qué parte de ella extrañas con más fuerza en este momento?
Cuando el «yo» se diluye en el «nosotros»
A veces la pérdida de identidad sucede de manera muy sutil. No te das cuenta de que esto está ocurriendo hasta que sientes un vacío dentro de ti. Esto puede pasar cuando:
- Te cuesta elegir qué ropa ponerte porque ya no sabes cuál es tu estilo, solo buscas lo «práctico».. te confieso que eso me pasó a mí.
- Te das cuenta de que tus temas de conversación se han reducido mucho. Ahora solo hablas de horarios, comida y hitos del desarrollo.
- Sientes una culpa punzante cuando intentas hacer algo solo por ti, como si estuvieras robándole tiempo a tu familia.
¿Alguna vez te ha pasado que, cuando alguien te pregunta cómo estás, empiezas a hablar sobre tus hijos en lugar de hablar sobre ti mismo? Esto es algo que sucede todos los días y muestra cómo a menudo no nos enfocamos en nosotros mismos.
El impacto de olvidarnos: Cuando el alma se pone gris
Desde la psicología, sabemos que cuando vivimos sin ser nosotros mismos, esto tiene un costo. No lo vemos, pero lo sentimos. Si callamos lo que necesitamos para ser la “madre perfecta», nuestro cuerpo se va a cansar mucho. Ese cansancio no se va a curar solo con dormir.
Es una fatiga emocional. Además, la mente, al no recibir estímulos de esas otras versiones tuyas (la creativa, la aventurera, la curiosa, la loquilla), puede entrar en un estado de apatía o irritabilidad constante. Nos volvemos más reactivas, menos pacientes. Y es que, para poder cuidar con ternura, primero necesitamos sentir que nuestra propia vida tiene un sentido más allá del servicio a otros.
El cambio mínimo: Invitar a «ella» a tomar el té
No se trata de dejar de ser madre para volver a tener veinte años. Se trata de encontrar un equilibrio. Debemos ser amables con la mujer que somos ahora y recordar cosas de la persona que éramos antes y ojo que quizás esa que fuiste no es alguien que hoy quisieras y esto también está bien.
¿Qué tal si esta semana haces un cambio mínimo? Algo que no requiera una logística gigante:
- Escucha esa música que antes te gustaba mucho y cántala con toda la fuerza que puedas, simplemente porque te da la gana.
- Cómprate algo pequeño que no sea «para la casa» ni «para los niños», sino que sea un regalito a tus gustos personales.
- Regálate 10 minutos de una actividad que no tenga una finalidad productiva.
Recuperar tu identidad es un acto de amor propio, pero también un regalo para tus hijos. Porque la mejor versión de ti no es la que se anula, sino la que vive con plenitud todas sus partes.
¿Sientes que has perdido el rumbo en tu vida?
Hacer las paces con la mujer que fuiste y la que eres hoy puede ser un proceso movilizador. A veces, la carga de la maternidad es tan pesada que no podemos encontrar la salida solas.
- ¿Sientes que ya no sabes qué te gusta o qué te hace feliz fuera de tu rol de madre?
- ¿La culpa te impide recuperar tus espacios?
- ¿Te pone triste mirar fotos de hace tiempo?
Si te sientes identificada con estas sensaciones, no tienes que pasar por esto sola. Estoy aquí para ayudarte a encontrar de nuevo a esa mujer que sigue dentro de ti, esperando a que le des la importancia que se merece.
Y puedes contactarme y agenda una sesión de acompañamiento aquí
Que tengas un lindo día
Angélica Concha.
